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LOS PERIODISTAS SON PEOR QUE LA POLICÍA Agosto 20, 2006

Posted by carmelorestelli in Mauro Fernández, Televisión.
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Quiero recordar en este post algunas cosas que ya publiqué antes en papeles, pero que tienen actualidad.

El otro día vi el programa nuevo de Tognetti en canal 9. Ahí, el tipo agarraba adolescentes pobres del norte, las ponía frente a càmara y les hacìa decir que son prostitutas, que las violaron de chiquitas y que venden sus bebes. ¿Hace falta escrachar una pobre piba para contar eso?

Me acuerdo de otro porgrama en el que otro “jòven” periodista (que despues se hizo famoso por censurar un programa… No recuerdo el nombre, tiene una peluca horrorosa) escrachaba tambien en el norte a tipos que pasaban droga en las tripas.

Al contrario de lo que repetía Sábato, no vale la pena esperar nada de los jóvenes. Hay excepciones, poquísimas. Me refiero a la ideológica media del periodismo argentino de hoy, de su simpatía con lo peor de la clase media. En especial de los que se declaran progres y le han hecho creer eso a unos cuantos burgueses tan progres como ellos.

De las aproximadamente 2000 fotocopias anónimas de material teórico con las que se enfrentan los estudiantes de periodismo de cualquier facultad, por lo menos un 25 % dice, de una u otra manera, que un mensaje es inevitablemente una construcción, que esa construcción es generación social de sentido, que esa generación de sentido es circulación de poder. Un 20 % de esas páginas describe la infraestructura que soporta ese poder.
En otras 200 o más de esas hojitas borrosas -casi nunca rotuladas con la correspondiente cita bibliográfica- se describen instrumentos y métodos para observar los mecanismos de esa construcción, su valor ideológico, su funcionalidad social.

Un rápido muestreo a vuelo de murciélago indica, además, que más de la mitad de los docentes de las facultades de periodismo y comunicación de este país se declaran a si mismos “progresistas”. Por lo tanto, eligen pedazos de libros apropiados y los interpretan para sus educandos de manera tal que las próximas lecturas estudiantiles de la información mediática importen, por lo menos, una inteligencia escéptica y discriminatoria. Incluso, los protoperiodistas redactan y aprueban trabajos prácticos al respecto.

Pero cuando los jóvenes dejan la academia y empiezan a leer en público descubren su ideología primaria y visceral; patinan sobre la teoría, no parecen haberla digerido ni haberse alimentado de ella.
No hay gestos de desconfianza ni prevenciones en sus mensajes. La fantástica realidad y la lectura de ella se presentan como lo mismo; los jóvenes adhieren a las imágenes y a las palabras con ingenua fe. Con una fe parecida a la que ubica a la prensa entre las instituciones más confiables para la gente que responde encuestas.
Así, nos toca atender a ejercicios de comunicación que oscilan entre la pretensión de objetividad y la vehemencia superficial de vecina que protesta. Los periodistas progresistas como Santo Biasatti proveen un modelo martinférreamente exitoso.

Casi todos parecen creer que lo importante es lo que establecen las agendas de los medios. Se dicen cosas como “éste es un resumen de lo más importante que sucedió hoy en la Argentina y en el mundo…” y se oculta que la agenda es apenas un mapa de elecciones posibles, elecciones condicionadas por un sistema de valores y prioridades determinado por… etc, etc.

Casi todos aceptan e incorporan como propios de su discurso los eufemismos de la jerga político-institucional. La democracia, por ejemplo, consiste para los periodistas en que cada tanto se elige a un grupo de políticos profesionales que se harán cargo de nuestro destino, y nada más. Coro: “Graciasadiós vivimos en democracia”.

Casi todos creen, y se les nota, que lo que llaman corrupción es un problema en sí mismo y buscan corruptos o corruptibles para nombrarlos en público, dibujando una visión maniquea y banal de cierto mundo sin sistemas: todo se trata de buenas o malas personas.
Telenoche investiga con jóvenes periodistas, nadie saca conclusiones más allá del Código Penal. La moral que les enseñaron las maestras jardineras sigue haciendo efecto en los profesionales funcionales de los medios.

Asimilados al ingeniero Santos antes y ahora al cerdo de Bumberg, los periodistas repiten que vivimos en una época especialmente violenta (lo que no es cierto para cualquiera que conozca un poco de historia de la cultura) y reclaman seguridad.
No se preguntan nunca quiénes piden qué tipo de seguridad para quiénes, ni se cuestionan el uso clasista del término. El concepto de clase social quedó en alguno de aquellos papeles borrosos de la facultad. Aquí, el texto aquél de la dialéctica del amo y el esclavo se vuelve iluminador. Se ve clarito que una visión ideológica crítica requiere de algo más que haber leído, requiere poder tomar distancia de la propia circunstancia de clase.

Casi todos creen que el delito es lo que debe ser combatido. Escasamente recuerdan que los delitos contra la propiedad y algunas formas de violencia son correlativas al estatus económico. Ellos llaman delincuente a cualquier acusado o sospechoso, en un gesto hiperpolicíaco (Los policías, por lo menos, tienen la precaución verbal de llamar sujetos a los sospechosos).
Su visión jipi y cagona de la violencia nos recuerda que la calle la han visto solo por tv.

Casi todos aceptan que se diga -por tanto podrían hacer suya- la frase “yo creo en la justicia”. Sus preguntas o repreguntas, arrodilladas sobre el manto atávico de lo institucional, no discriminan justicia como valor de justicia como sistema legal, ni un sistema de justicia actuante de otro posible o probable.
En el discurso periodístico habitual puede haber jueces malvados o lentitudes burocráticas, pero no una mirada crítica sobre un sistema de control social escrito por los poderes hegemónicos que, inevitablemente, atrasa con respecto a las necesidades de los hombres. La discusión sobre la independencia de la justicia no pasa del recuento de camaristas que responden a uno u otro partido.

Entienden, los periodistas, que política es nada más que lo que hacen los miembros de los partidos políticos o, de manera más restringida todavía, el poder ejecutivo en manos de un determinado partido político.
Dado el desprestigio social de la política institucional, cualquiera que quiera lavarse las manos -en consecuencia- lo único que tiene que decir es la insostenible pero demagógicamente efectiva mentira “nosotros no queremos hacer política con esto” y recibirá una sonrisa mediática tan complaciente como ignorante.

Como los médicos a la caza de subsidios, o los inquisidores en la búsqueda del mal, los periodistas hablan de la droga. No distinguen en público diversas sustancias con diferentes usos y efectos.
La droga es una única cosa con vida propia que ataca por su cuenta a la sociedad, y es mala. El animismo es uno de los aspectos constantes de la religión periodística.

Casi todos creen que ciertos temas y personajes admiten un solo tratamiento, mezclando en la justificación boba de tal creencia los miedos a la opinión pública y el mágico poder del objeto a tratar.
El fascista Wojtila siempre fue “Su Santidad” o “El Santo Padre”, no importa si era nombrado por Claudio María Domínguez o por Jorge Pizarro, no importa si estuvo lamiendo tierra comunista o haciendo discursos misóginos. Hasta el pobre Mex Urtizberea declaró en una entrevista con Radar que con el Papa no se juega.

A propósito de cristianismo, el contacto con las argumentaciones más oscuras pone de relieve la pobreza intelectual del periodismo progresista .
Cuando Wojtila dijo que las relaciones homosexuales son antinaturales, pudo escucharse a Marcelo Bonelli y a Luis Majul (dos casi jóvenes) intentar opiniones en contra con una liviandad digna de jipis pasados de todo: “tener relaciones sexuales es lo más natural del mundo”, dijo Bonelli con ese tono agresivo de chico dueño de la pelota.
Cualquier cura tiene ideas un poquito más fundamentadas que eso, y Majul casi se da cuenta cuando un sacerdote lo desayunó al aire con una septuagenaria novedad: Freud consideraba a la homosexualidad entre las perversiones.
Haber averiguado antes que la discusión entre lo que es y no es humanamente “natural” es bastante compleja, que la moral religiosa siempre ha “naturalizado” lo que antes hubo “normalizado”, les hubiera evitado a cualquiera de los dos perder en el juego que impuso otro equipo. Pero ni se dieron cuenta de que habían perdido… ¿Para qué equipo jugaban entonces?

Todas las opiniones son “respetables” (la orden de “respetar” circula estentórea o tácita en cada talk-show) y en consecuencia equivalentes para el uso periodístico. La democracia mediática habla de sí misma como el eclecticismo de la boludez.
No se distinguen las meras opiniones de otras razonablemente justificadas. Respetar, en los medios, quiere decir “esto no se toca con la inteligencia”.

Que la ideología predominante en el periodismo actual coincida con lo más tradicional y conservador de la clase media es una de las claves de su éxito y su prestigio. ¿Puede la prensa ser más inteligente sin perder su público de oficinistas?
Es cierto que la concentración del poder de los medios impone usos en el discurso, pero las excepciones a la media, si venden, le calzan igual al patrón. ¿Acaso menear un poco el sentido común, incorporar dosis de desconfianza sobre el propio mensaje, leer dos centímetros más abajo del agua corriente va a dejar al periodista sin trabajo? No necesariamente.

Los programas viejos de Olmedo o el Batman de los 60 deberían ser dogma en el estudio de los futuros comunicadores. Sin ablandar mucho los presupuestos del género, es posible jugar con el estilo para relativizar el poder del propio texto.
Pero no: CQC probaba cuán gracioso, divertido y asimilble podía ser el turro de Ruckauf, en un programa en el que el humor era ínfula de autoridad.

Los periodistas son trabajadores intelectuales. Y podrían hacer una diferencia entre lo que dicen y el discurso que legitima a sus patrones, que ponga en tela de juicio el poder que están representando. ¿Podrían? Si no fueran unos pajeros burgueses sí podrían.

LA SOBERANÍA DE LA RIMA (1) Agosto 10, 2006

Posted by carmelorestelli in Diego Perdomo, Literatura.
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La razón de este artículo que constará de varias partes es poner en evidencia cómo la rima ha dejado una marca muy profunda en las temáticas de las canciones según en el idioma en las que hayan sido escritas.

Esto en principio no parece ser muy determinante sin embargo a los pocos ejemplos se verá que no es tan así

Hoy elegí (como los autores del 70% de las canciones) a la tentadora, necesaria, y tramposa palabra NOCHE la cual tiene muy pocas rimas más o menos serias, me refiero a: FANTOCHE, COCHE, DERROCHE, BARILOCHE Y BROCHE.

Como se aprecia, son bastante escuetas las posibilidades con las que se cuentan, y por lo tanto son DEMASIADO comunes los siguientes ejemplos.

- La gente sale de NOCHE, pero en COCHE: Esto ya delata un nivel social y un claro recorte en las circunstancia a suceder. Yo les llamo las road song.

- Cada vez que leo FANTOCHE en alguna canción, primero me da risa, y luego busco la palabra NOCHE un verso antes o un verso después. ¿Quién usa FANTOCHE en su vida diaria?
Sin embargo en las canciones se utiliza y mucho, además hay un par de tangos conocidos donde aparece esta palabreja. Lo meritorio sería encontrar una canción que diga FANTOCHE y que sin embargo no esté la palabra NOCHE. Se otorgará un premio al que la consiga.
Ah, también por eso hay tantas canciones que hablan de los alfajores triples de chocolate de esa marca.

- La NOCHE era un DERROCHE: O similar. Claro, otra vez caemos en la idea que la NOCHE no ha podido ser austera, sino todo lo contrario. Podría ser un buen ejemplo “un DERROCHE de estrellas” sin embargo habrá que colocar el sustantivo antes del verbo. “De estrellas un DERROCHE” y caer entonces en el principal vicio de los novatos escritores de canciones que delatan así su falta de recursos.
“Mientras juntos caminamos” adjetivo delante del verbo “Pero nosotros diferente pensamos” otra vez el adjetivo delante del verbo, que no es que esté mal, pero da risa, porque la gente así no habla, ya que no necesita la imperiosa rima que sí precisan los escritores.

- Buenas NOCHES BARILOCHE: Esta me encanta, las canciones ambientadas en esa localidad tienen la ventaja de poder usar la palabra NOCHE con total autoridad. Es por eso que tantas letras hablan de esa ciudad, casi más que de Nueva York.

- Los REPROCHES de la NOCHE: Esta sin dudas debe ser la más usada. Con eso se logra que los autores relacionen directamente a la NOCHE con los REPROCHES, osea con estar en falta o con ser sermoneados, esto deja a los protagonistas de los temas en víctimas o victimarios. La NOCHE parece ser un buen escenario en las canciones para oír como a uno lo retan o le reclaman cosas.
Esto nunca ocurre de tarde porque en lugar de reprochar, harían alarde.

- Por último, BROCHE, me parece la más decente de todas. Igual se nota que estuvo puesta ahí porque solo hay cinco o seis rimas, pero bueno, al no ser tan clara permite que el escritor le dibuje algo encima. Igual no es fácil. “Los besos fueron un excelente BROCHE” (para la NOCHE).
También se podría hacer alusión a los BROCHES de tender la ropa (por eso también hay tantas canciones que hablan de esos minúsculos elementos de presión compuestos de madera o de plástico) no es que la gente se encariñe con ellos, es que riman, señores, riman.

Quizás el motivo de la canción era otro, pero al fin de cuentas todos andan en autos, se echan algo en cara, malgastan, le ponen la frutilla al postre, o viajan al mismo centro turístico invernal en el 99 % de las canciones que incluyen la palabra NOCHE (alguien tendrá excepciones, pero serán pocas y les encontraremos la falla)

Con mi escaso inglés (muchos de nuestros lectores podrán ampliar esta idea) me he dado cuenta de que en ese idioma NOCHE rima con otras cosas por ejemplo con luz (night – light) imagino la cantidad de letras que hablarán sin mucho esfuerzo de las luces de la NOCHE. Mientras que allá nadie reprochará en la oscuridad de la madrugada (REPROCHE – reproach) ni tampoco será necesario tener un auto para salir (COCHE – car) y ni hablar de que alguien allá DERROCHE (waste) porque no rima con nada.

Finalmente entonces nos enteramos que la idiosincrasia de las canciones están profundamente ligadas las rimas de las palabras más tentadoras para los letristas y no a sus más íntimas convicciones. Una pena.

Pequeño esbozo para una crítica de la publicidad televisiva, primera entrega Agosto 7, 2006

Posted by carmelorestelli in Alberto Giménez Arnau, Publicidad.
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¿Vieron la propaganda de los créditos hipotecarios, ésa que muestra a un señor muy parecido al Baby Etchecopar que toca el piano bajo la lluvia y alza los brazos en señal de victoria, porque (como nos informa un sobreimpreso) finalmente pudo convertirse en DUEÑO? La tienen que haber visto, porque la pasan cada dos minutos.

Digo yo, ¿me pueden explicar qué coño lo hace tan feliz? Si el departamento que se compró está tan lleno de goteras que cuando llueve, adentro es un diluvio (y con semejante humedad, ese piano de cola que le habrá costado un dineral se le va a hacer mierda en dos semanas). Si los préstamos del banco en cuestión sólo sirven para comprarse semejantes taperas inhabitables, por mí que se los metan en el culo. Y después dicen que volvió el crédito… Esto es tan poco serio…

mi serie favorita de ahora Agosto 6, 2006

Posted by carmelorestelli in Mauro Fernández, Televisión.
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Se llama Dr. House
La dan por Universal Chanel los jueves a las 21

House es un médico como de cuarentaysiete. Su especialidad -en la que es un genio- es la semiología médica (la interpretación de signos/síntomas). Este tema se propone como enigma de policial clásico: descubrir la enfermedad como descubrir al asesino.

La serie podría incluírse entre las que ha dado la desgraciada cultura mistica y moralista de la salud (tan de esta época), es pariente de esas de medicina forense y de las de hospitales. El antagonista de House, sin embargo, no parece ser la enfermedad, sino el enigma mismo y, en última instancia, la misma muerte.

Supongo que House es desagradable para casi todos su prójimos del lado de adentro de la tele. No es compasivo con sus pacientes ni con nadie, es lo contrario de los médicos humanitarios, sacrificados y sonrientes de ER. Tiene a su cargo un grupo de jóvenes y eminentes discípulos a los que insulta y trata de tarados todo el tiempo, en especial a las chicas del equipo a las que además babosea cada tanto solo para halagarlas o molestarlas, poniéndose al borde de la elegancia.

House es obsesivo, rengo, muy resentido, cínico, y no coje. Cuando su bastón no cuelga de su enorme moto Kawasaki, golpea ventanas, puertas, frasquitos y personas del hospital, incluso pacientes. Su ex esposa también trabaja ahí, él siempre busca la manera de hacerle sentir la mala leche que le dejó el divorcio.

House odia. Odia a sus colegas eminentes, va disfrazado a sus cátedras y conferencias solo para molestarlos. Su único amigo es médico tambien, un tipo -como podía esperarse- atildado. House le come la comida vegetariana que lleva a las guardias aunque no le guste, cuenta sus peores miserias delante de todas las mujeres, le tiende trampas de adolescente psicópata y -por supuesto- jamás le sonríe ni lo palmea ni lo consuela. Una vez, por excepción, el amigo le serruchó el bastón. House cayó al piso y se hizo mierda delante de todos. Fue un gesto medido en relación a lo que el héroe merecía.

House es bastante sucio y descuidado, malhablado y drogadicto. Mientras trabaja en el hospital toma litros de café, anfetaminas, calmantes fuertísimos, opiáceos sintéticos, tranquilizantes, porro y ¡ácido!. En su casa toma cerveza y fuma habanos, aunque jura no beber alcohol.

House es mentiroso siempre, salvo que decir la verdad le sirva para herir a alguien. Es especialmente cruel con las familias de sus pacientes, a quienes hace chistes sobre la posible muerte de sus seres queridos. House a veces toca el piano y lo hace bien.

Las intenciones de House siempre están un poco corridas de lo que sus prójimos esperan. Es un poco depresivo, si puede evita el trabajo y se dedica a pajearse, dormir o pensar. Del hospital no lo echan porque es el mejor, aunque su relación con las instituciones es por lo menos tensa. Hasta ahora -que yo sepa- nadie le pegó un tiro, pero pronto sucederá.

Los diálogos son muy veloces, el guión es preciso. Las cámaras no se mueven de más y la música no es melodramática. Cada diez segundos masomenos hay un chiste de humor negro. La cosa está casi cerca de la incorreción televisiva y la lista de enfernedades raras se agota, asique no sé cuánto más puede durar.