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no rúcula Enero 28, 2007

Posted by carmelorestelli in Editorial, Mauro Fernández.
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hay que poner un comedor nuevo
en los bordes exteriores de palermo
que insulte desde afuera
la decadencia turística del lugar

se va a llamar “no rúcula”.

se van a servir platos enserio,
contra toda esa hibridez amanerada de palermo,
la empalagosa “zona culinaria” de la cuidad:

pastel de papa,
guiso de mondongo,
lasagna de verdad,
asado al horno con papas, batatas, manzanas y tomates,
entraña acompañada de fideos con manteca,
sopa de pedazos de tallarin casero seco con caldo de gallina,
puchero de falda, puchero de gallina,
milanesa de nalga cortada gruesa y frita en serio,
revuelto gramajo,
ñoquis con estofado de peceto….

el comensal que pida algo con:
salmón,
rúcula,
cibullet,
shitake,
o cualquier cosa que yo mismo
-que seré el dueño y curador del comedor-
considere rara, pretenciosa o desubicada,
o si acaso un comensal menciona las palabras
“étnico”,
“fusión”,
“moderno”,
“gurmet”,
“somelier”,
incluso “cocina” y derivados tales como “culinario”,
será retirado del local a patadas en el culo por personal especializado.

si algún comensal compara la cocina con el arte
aunque sea indirectamente,
será golpeado en la cara a mano abierta dos veces sin piedad
por otro personal, en este caso
especializado en pegar sopapos.

en “no rucula” no se preparan tragos,
ni se sirve hielo,
ni hay pizarrones en la vereda,
y menos adentro
no se menciona la expresión “verduras de estación”,
no se sirve vino dulce con anhídrido carbónico para chicas,
ni se preparan cosas de colores acomodadas en piramide para putos,
ni hay platos cuadrados, y mucho menos traingulares o de colores.

en “no rúcula” los manteles son blancos,
las mesas están bien separadas,
los meseros no son chicas con culito,
y las velitas estan prohibidas

se puede pedir soda,
pero no echarla en el vino

los giles que ahora van a palermo a hacer que comen
y que aspiran a entender algún día de comida,
van a hacer cola en “no rucula”,
lo van a volver antiestético con su triste costumbre
de poner las cosas de moda,
y van a venir con sus anteojitos rectangulares
y sus camisas imitacion setentas

entonces, lo cerramos.

Son de cuarta Enero 21, 2007

Posted by carmelorestelli in Bandana, Televisión.
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Tuve el orgullo de ver los primeros capítulos de la nueva serie de verano de Adrián Suar, “Son de Fierro”. Si hubiera que hacer un ranking de las peores telenovelas pseudocomedias del Chueco, esta ocuparía el segundo lugar (el primero, indiscutiblemente, está dado por “Sin Código 2”, y el tercero por la malograda “Pensionados”).
En “Son de Fierro” no pudieron con su genio y el inimputable de Laport se llama “Martín Fierro”, de oficio (no podía ser de otra manera) carnicero. Su hijo (Mariano Martínez) es ciego y profesor de historia, en ese orden.
Si bien las actuaciones son patéticas y los personajes son inverosímiles, vamos a apuntar algunas cuestiones que hacen a un guión desinformado, poco creativo y cargado de un imaginario pro – clase media de los años setenta u ochenta.
Mariano Martínez, ciego y profesor de historia, está buscando trabajo. “Buscando” es un eufemismo, porque jamás se lo ve en la actitud de una persona que busca: en realidad quiere que lo acomoden en el colegio del barrio. Uno debe compadecerse de él porque es ciego y porque, supuestamente, sabe mucho de historia (aunque jamás recurre a sus conocimientos). Pero con esa compasión lo que hace es bastardear la profesión docente: nunca se menciona que, en cualquier instancia, los profesores no son ‘puestos’ por el director de turno, sino que deben hacer una serie de fatigosas burocracias y espureas capacitaciones de posgrado, que a veces duran una década, para poder acceder a trabajar algunas horas aquí y otras allá. A Mariano Martínez, ciego, ni se le pasa por la cabeza esto; él cree que porque es ciego y tuvo buenas notas, le tienen que dar un lugarcito en la docencia.
Pero la desinformación de los guionistas es infinita; cuando el director de la escuela le busca un lugar a Mariano Martínez, ciego, profesor de historia, no le busca horas cátedra: le busca “un puesto”. Error espantoso: no existen “puestos” de profesor; a lo sumo hay “horas”, pocas, mal pagas e inestables (cada año se renuevan, si no es que otro, con mejores antecedentes que uno o con contactos más fluidos, no lo remueve del cargo). Pero todos en la serie insisten con eso del puestito: en el imaginario de los guionistas y de los televidentes, subsiste esa idea de clase media según la cual uno consigue un lugar en el mundo laboral y se olvida para siempre de los problemas económicos y de la inestabilidad en el empleo. Para esta serie, los años noventa nunca existieron.
La figura del director de la escuela del barrio es deplorable (un hombre sin personalidad, incapaz de tomar decisiones), pero la del Director General de Escuelas (personificado por Mario Pasik), si bien comete miles de vicios y es una caricatura de funcionario, no deja de lado algo importante e indiscutible: el cargo de director general no se le da a una persona por su capacidad y su trayectoria en la educación, sino por sus contactos políticos o su comportamiento mafioso. Es el único personaje que, con sus arbitrariedades, vanidades y su fobia a los docentes, se parece en algo a lo que ve cada día un profesor en las escuelas donde trabaja. Ahora bien, entre este funcionario corrupto, puesto a dedo por sus contactos, y Mariano Martínez, ciego, profesor de historia, puesto a dedo por lástima, no hay diferencia.