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Una película… dudosa Octubre 23, 2006

Posted by carmelorestelli in Alberto Giménez Arnau, Cine.
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Fui a ver “La dama en el agua”, la última de M Night Shyamalan (Sexto sentido, El protegido, La aldea). No les voy a contar de qué va la película, porque no es mi estilo: hay gente que todavía no la vio y los críticos de cine que cuentan lo que pasa en la película se van al infierno, donde les tienen reservado un castigo muy refinado: los sientan en una cómoda butaca de una sala de cine vacía y les proyectan un policial nunca antes visto, con una intrincadísima trama de misterio pergeñada por el mismísimo Diablo. Pasada la mitad de la película, cuando el condenado ya está tan absorto en intentar desentrañar el enigma que hasta olvidó su triste destino post-mortem, se abre una puerta y en el rectángulo luminoso asoma la silueta de un sirviente del Maldito, que dice:

— ¿Todavía no se dio cuenta de que el asesino es el chofer?

La puerta se cierra y el demonio desaparece. Este castigo se repite una y otra vez, siempre con una película nueva (el Diablo es endiabladamente creativo), por toda la Eternidad. Y bien que se lo tienen merecido.

Tampoco esperen que califique la película, si es buena o mala (ya el título de este post alerta sobre mi indefinición). No se hagan ilusiones, yo no soy crítico de cine y aunque lo fuera, las definiciones tajantes no son lo mío. Si quieren averiguarlo, vayan a verla y después me cuentan lo que les pareció por este medio; estoy seguro de que el debate será interesante. Yo sólo me creo en la obligación de advertirles que en el cine me aburrí soberanamente, desde el principio hasta el final (salvo una parte por la mitad de la película, donde realmente la historia me absorbió), y que no fui el único aburrido, a juzgar por el ruido constante que hacían los otros espectadores al acomodarse en sus butacas (alguien dijo que el mejor crítico de teatro es el culo, y podemos extender la genial humorada perfectamente al cine). Pero luego de salir del cine reflexioné y creo que entonces entendí por dónde pasaba la cosa. Ya me ha pasado: cuando hace unos años fui a ver “Tropas del espacio” (de la que alguna vez debería escribir algo), mientras estaba en el cine me pareció malísima y sólo media hora después, caminando hacia casa, la verdadera naturaleza de lo que el director había querido hacer cayó sobre mí y me sacudió como una revelación. Chapeau!

Volviendo a Shyamalan, a su joven edad (nació en 1970) ya logró hacerse un lugar en el panteón de los directores de cine “de culto”, esos que logran darle una impronta tan personal a todo lo que hacen que sencillamente uno tiene que ver cada nueva película que hacen, como diciendo “¿qué habrá hecho ahora?”. Pareciera que cada creación individual sólo tuviera sentido en el contexto de la “obra” completa; como si cada nueva película fuera una tentativa más elaborada de expresar una misma idea recurrente que los obsesiona y que sólo comprenderemos al final de su carrera. Pasa con Spielberg, pasa con ese genio que es Tim Burton: tuve que ver muchas de sus películas para entender a medias el pedo mental de El joven manos de tijera; y cada vez me convenzo más de que también Shyamalan tiene algo que decirnos que excede el marco de una sola película. Por estos lares, confieso que fui seguidor de Eliseo Subiela, pero creo que ya no puedo seguir siéndolo después de la segunda parte de El lado del corazón o No te mueras sin decirme a donde vas. (Me llevó menos tiempo desencantarme de Marcelo Pyñeiro: bastaron Tanguito y Caballos salvajes para entender que ya nada de lo que haga puede interesarme.)

Si a pesar de haberme resultado mortalmente aburrida, no digo que La dama del agua es una mala película, es porque temo que Shyamalan la hizo deliberadamente así, sabiendo que buena parte de quienes la vieran nos íbamos a aburrir como ostras, y que ahora debe de estar riéndose de todos nosotros; que el muy cabrón lo hizo a propósito, nos puso una trampa y caímos en ella como chorlitos. Si mi sospecha es cierta, en vez de filmar una historia que sencillamente agradara o entretuviera al respetable, Shyamalan se propuso hacer un experimento sicológico, sociológico o estético con su público, dividirlo en una mayoría de personas que manifiestamente no iban a cazar ni medio y una minoría de espectadores que sabrían entrar en juego. Un juego que podríamos resumir así: él nos cuenta una historia sobrecargada, un inverosímil cuento de hadas (a bedtime story), que al resto nos va a parecer absurdo, aburrido, estúpido, tedioso, ridículo, a menos, claro está, que seamos capaces de hacer lo que nos pide y adoptar otro punto de vista (una película como El sexto sentido, que marcó un corte clarísimo y bienvenido en el decadente cine de terror norteamericano, también fue posible sólo mediante un cambio de punto de vista). Eso que espera Shyamalan de nosotros lo explica claramente durante la película (llena de guiños autorreferenciales), y no es algo fácil de hacer (quizá sea esa la moraleja de la historia). Pero si somos capaces de hacerlo, entonces la película tal vez se salve, y nosotros con ella. Si es así, me saco el sombrero ante la manera arriesgada y algo retorcida que eligió el director para componer esta obra abierta que sólo puede cerrar con la complicidad del espectador (aunque me molesta cierta falta de sutileza).

También reconozco que fui a verla para ver actuar una vez más a ese pequeño gran actor que es Paul Giamatti, y que no me defraudó. La rubia Bryce Dallas Howard aporta su belleza gélida y distante, pero creo que sobreactúa un poquito. Y los cazadores de perlitas con buena memoria para las caras van a encontrar en un papel secundario a una de las manicuras que se burlaban de Elaine en el capítulo de Seinfeld en el que nos enteramos de que Frank Costanza habla coreano y tiene un problema de mal olor en los pies.

ATENCIÓN (agregado a las 11.22 del lunes 23 de octubre): La lectora Bandana desafía el justo castigo divino explicado en este post y en el segundo comentario cuenta el final de Los Otros y de Sexto Sentido. Se creen que es joda. Que pueden hacer lo que se les cante con sus vidas. Que el infierno es un invento de los curas. Al final, voy a tener que darle la razón a Benedicto XVI, el secularismo de esta sociedad podrida asusta. No digan que no les avisé.

Música para escuchar con tiempo Septiembre 29, 2006

Posted by carmelorestelli in Alberto Giménez Arnau, Música.
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En http://longplayer.org/ (enlace LIVE STREAM) pueden escuchar el “Longplayer”, una composición generada por computadora a partir de grabaciones de cuencos tibetanos. Puede leerse una explicación en la página, en inglés. Si la entendí correctamente, la composición está formada a partir de 6 “canales” de grabación. En cada momento, la computadora está reproduciendo simultáneamente un fragmento tomado de una posición distinta de cada uno de los 6 canales. Cada dos minutos, la posición de lectura avanza a una distancia distinta para cada grabación, de modo que no se repetirá ninguna combinación de fragmentos hasta que hayan pasado 1.000 años. La composición comenzó a “tocarse” el 1 de enero de 2000 y durará (si los dioses no se oponen) hasta el 31 de diciembre de 2999. El efecto es sumamente relajante (recuerda un poco la banda sonora de algunas escenas de “2001″, pero mejor).

Pequeño esbozo para una crítica de la publicidad televisiva, primera entrega Agosto 7, 2006

Posted by carmelorestelli in Alberto Giménez Arnau, Publicidad.
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¿Vieron la propaganda de los créditos hipotecarios, ésa que muestra a un señor muy parecido al Baby Etchecopar que toca el piano bajo la lluvia y alza los brazos en señal de victoria, porque (como nos informa un sobreimpreso) finalmente pudo convertirse en DUEÑO? La tienen que haber visto, porque la pasan cada dos minutos.

Digo yo, ¿me pueden explicar qué coño lo hace tan feliz? Si el departamento que se compró está tan lleno de goteras que cuando llueve, adentro es un diluvio (y con semejante humedad, ese piano de cola que le habrá costado un dineral se le va a hacer mierda en dos semanas). Si los préstamos del banco en cuestión sólo sirven para comprarse semejantes taperas inhabitables, por mí que se los metan en el culo. Y después dicen que volvió el crédito… Esto es tan poco serio…

Matrix Reembolutions Julio 17, 2006

Posted by carmelorestelli in Alberto Giménez Arnau, Cine.
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Me gustaría poder hacer una crítica sincera, pero…

Matrix (la primera parte) me pareció genial, “de culto”, llena de ideas estimulantes, una de esas pelis que uno dice “¿por qué a mí no se me ocurren cosas así?” y que no molesta volver a ver las veces que sean.

Dicen que segundas partes nunca son buenas (excepto en el caso del Padrino, donde cada parte es mejor que la anterior; y la tercera es la mejor de todas). Si los hermanos Wachowski se hubieran abstenido de continuar la saga, la cosa quedaba bien, pero o bien sintieron necesidad de dar explicaciones que nadie les pedía (no aclare que enturbia, dan ganas de decirles) o bien (me parece más probable) vieron el filón, calcularon rápidamente la cantidad de metálico que se añadiría a sus ya abultadas cuentas bancarias y nos propinaron una Matrix “recargada” de detalles innecesarios; que las escenas de interiores en Zion, que el Merovingio, que el arquitecto, que los poderes especiales de Neo, que la mar en coche; todo en medio de la superabundancia de efectos especiales que de unos años a esta parte reemplazó a la inteligencia y a la capacidad de contar historias en el cine mainstream anglosajón. Lo único rescatable de la película para mí son los escasos minutos de la “rave” en Zion (evidentemente, un guiño puesto para ganarse al público destinatario de la serie). Salí del cine con el firme propósito de no ver la tercera parte.

Ayer andaba aburrido y se me ocurrió meterme en un video a ver si encontraba algo. Puesto a elegir entre volver a ver alguna peli buena o arriesgarme con alguna comedia romántica, un policial o una de terror que no hubiera visto, decidí sacarme las dudas y ver de una vez por todas la tercera de Matrix.

Y me gustaría poder hacer una crítica sincera, pero… no llegué ni a la mitad. Qué quieren que les diga, me aburrí. Me embolé. Saqué el DVD más o menos por la escena donde Morfeo* y los suyos se están alistando para ir a combatir con las máquinas, mientras Neo se la lleva a Trinity en otra nave de combate (no hay nada que hacer, nada como un buen vehículo para tener levante) y encuentran siempre alguna excusa para abrazarse apasionadamente como noviecitos-hermanos-amantes andróginos que son los dos.

O sea; no sé cómo termina la película, ni me interesa. No me cuenten el final que creo que lo puedo adivinar, a ver: ¿ganaron los buenos, no? Al agente Smith y sus infinitos clones lo formatearon, lo deletearon, lo devirusaron… ¡o se hizo bueno! Neo y Trinity sobreviven, pero se muere Morfeo (o la Pitonisa, era boleta desde el principio), alguien tiene que morir. ¿Ando muy errado?

Por si no se dieron cuenta todavía: el cine de acción no es para mí. Con decirles que me aburrí como una ostra con El Señor de los Anillos.

Bueno, ya dije lo que tenía que decir… ahora sólo me queda apretar los dientes, segregar adrenalina, activar el instinto de “pelea o huye” y esperar. Cuando quiera, Mauro.

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*En el contexto de la tercera parte, el nombre Morfeo adquiere para mí connotaciones especiales.

Yo podría… Julio 3, 2006

Posted by carmelorestelli in Alberto Giménez Arnau, Cine.
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…fingirme crítico de cine por un rato y procurar una exposición objetiva de lo que vi; diseccionarlo decididamente con la agudeza de mi bisturí analítico y no permitir que las emociones interfieran en lo más mínimo en mi testimonio; separar los tantos y hablar un poco del guión y otro poco de las actuaciones, de las bellas imágenes y de la fotografía; sin olvidar, claro está, la estupenda banda sonora.

Podría tal vez destacar la dolorosa actualidad atemporal (es decir, eterna) del tema; y también mencionar los premios cosechados, incluyendo (por citar algunos): Mejor Película, Premio del Público y Premio Ecuménico en el Festival de Berlín 2005.

Podría comentar, como al pasar, que salí del cine mudo, algo que creo no me pasaba desde La lista de Schindler. (Y créanme, no es fácil taparme la boca.)

Tal vez podría decir que más o menos por la mitad de la proyección me di cuenta de que iba a ser una de esas películas que el público aplaude al terminar (y vaya que no me equivoqué); sin importar que no esté allí ninguno de los realizadores para recibir los aplausos (se aplaude para sacarse las ganas de aplaudir, para concelebrar lo visto con los desconocidos en la oscuridad de la sala, como diciendo: estuvimos aquí y lo vimos, y no lo olvidaremos). Porque hay historias que después de verlas uno se siente, inexplicablemente, un poco mejor persona (seguro que les pasó alguna vez). Logran aquello que, en su célebre definición de la tragedia, Aristóteles propuso como objetivo del arte dramático: la catarsis, la purificación de las pasiones del espectador por medio de su representación en la ficción. Un enjuague lacrimal del alma. (Pero, che, los hombres no lloran.)

Podría decir esto y mucho más, pero prefiero no hacerlo, porque ¿saben qué? yo no soy crítico de cine. Y además, por mucho que yo hablara, no habría en mí elocuencia suficiente para explicarles por qué creo que ninguna persona sensible y amante del cine puede dejar de ver “Ser digno de ser” (Va, vis et deviens), de Radu Mihaileanu.

Así que, ya lo saben, todos a comprar su entradita y los que quieran después escriben aquí su comentario. Pero en serio se los digo, tienen que verla. (Mi calificación: excelente.)

Everybody loves Sony Febrero 13, 2006

Posted by carmelorestelli in Alberto Giménez Arnau, Televisión.
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Cada vez quiero más al canal Sony; aunque muchas (tal vez la mayoría) de sus series y sitcoms rocen peligrosamente el carácter de bazofia, hay unas cuantas (tal vez muchas) que me reconcilian con la televisión (claro que después las agarramos en Argentina, hacemos versiones locales y ya no es lo mismo…).

Vean si no este fragmento de diálogo que pesqué hoy en Everybody hates Chris. Lugar: la oficina del director de la escuela de niños blancos donde el único niño negro es Chris; dramatis personae: el director, Chris y su rival Caruso, un niño blanco. El director los ha convocado para retarlos por su mal comportamiento; el diálogo transcurre más o menos así:

DIRECTOR (enojado): ¿Ustedes creen que me causa gracia cada vez que tengo que llamarlos a mi oficina? Es una pregunta retórica.

CARUSO: ¿Qué es una pregunta retórica?

CHRIS (volviéndose hacia Caruso): Una pregunta retórica es una pregunta que no esperas que te respondan, porque ya conoces la respuesta.

CARUSO (volviéndose hacia Chris): ¿Y a ti quién te preguntó?

DIRECTOR: ¡Exactamente!

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¿Tengo que agregar algo?