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Trivia Abril 21, 2007

Posted by carmelorestelli in Bandana, Trivia.
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Dado este muchacho:

decida cuáles de estas dos mujeres puede ser su novia y cuál de ellas puede tener, como profesión, cuidar abuelos por ciento cincuenta pesos al mes:


¿Cuál de las dos mujeres, dentro de algunos años, puede convertirse en María de las Mercedes de Fortabat Lavalle Patricios Saenz Peña, y cuál de ellas puede convertirse en la que limpia?

Justifique su respuesta.

Ojo, no se confundan: no era escritor Abril 19, 2007

Posted by carmelorestelli in Bandana, Editorial.
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… porque un escritor no escribiría cosas tan retorcidas y aberrantes: el padre que le toca la mano a su hijo; el hijo le retira violentamente la mano y le dice: “tú eres mi padrastro, lo que deseas es violarme una vez más. Y tú has matado a mi padre. Es una conspiración”

Por las dudas, la mayoría de los noticieros se encargaron de recalcarlo: el múltiple asesino Seung Cho escribía unos textos horrorosos, y por lo tanto carentes de valor literario. Cuando “noticias 24” expone los textos de sus obras de teatro cuyo título es “John Mc Beef”, aclara por las dudas:

Advertimos que estas obras no tienen ningún valor literario, y están llenas de insultos, abuso sexual y violencia. Su único objetivo es arrojar más luz sobre el carácter y la personalidad del autor de la masacre de Virginia Tech.

Es decir: si alguno de ustedes, al leerla, siente que la obra puede valer algo por sí misma, y que no es sólo un testimonio para conocer el carácter de un asesino, es probable que necesite ayuda. ¿Cómo (y quiénes) miden el valor literario? ¿Cuál es la exacta cantidad de ‘insultos, abuso sexual y violencia’ que debe tener una obra para considerarse ‘literaria’?

Si mañana descubriéramos que Cortázar fue un múltiple asesino, ¿la prensa se vería en la obligación de advertirnos que su obra ‘no tiene valor literario’, y que sólo era el testimonio de un desquiciado?

Aritmética ideológica en una protológica simbólica a medias formalizada Abril 12, 2007

Posted by carmelorestelli in Bandana, Editorial.
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Si no sabés en qué consiste la división entre la izquierda y la derecha= sos de derecha

¿D, I? = D

Si sos del centro = sos de derecha

C = D

Si creés que la izquierda y la derecha no existen = sos de derecha

- (I. D) = D

Si cuestionás a la izquierda en lo que tiene de izquierda = sos de derecha

(I?) = D

Si sospechás que sos de derecha = sos de derecha

Ds = D

Si dijiste que sos de derecha (una vez a la pasada) = sos de derecha

Dd = D

Si decís muchas veces que sos de izquierda = sos de derecha

(I.I.I….In) = D.

Si decís muchas veces que sos de derecha = sos de derecha

(D.D.D…Dn) = D.

Si hacés chistes con elementos de la ideología de izquierda = sos de derecha.

Ich = D

Si no creés en las “ultra”, sos de derecha (tal vez de ultra derecha)

- U = (D o UD)

Si hacés chistes con elementos de la ideología de derecha = sos de derecha.

Dch = D

Si decís en broma que sos de derecha = sos de derecha.

Dd= D

Si proponés esquemas alternativos para graficar la relación entre “derecha” e “izquierda”, sos de derecha

E (D,I) = D

Si querés correr la izquierda más hacia la derecha, y la derecha más hacia el centro, sos de derecha.

Ic.Dc = D

Si sos de una izquierda cristiana = sos de derecha

Icr = D

Si sos de una izquierda que reivindica valores patrióticos basados en la gesta fundadora de una nación, sos de derecha

If = D

Si decís “hay una derecha política y una derecha económica”, sos de derecha.

Dp . De = D

Si te enoja este post = sos de derecha

Pe = D

MI VECINO EL PIQUETERO Marzo 28, 2007

Posted by carmelorestelli in Bandana, Editorial.
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La noticia “distorsión ideológica” del día es el corte de luz en los barrios del centro porteño. La empresa de energía eléctrica no responde a los llamados y la gente se enoja hasta el desquicio. Los porteños indignados salieron a protestar con cacerolas, cortando la calle con gomas quemadas.

No podía faltar el vocero del episodio (un hombre joven, barba candado, vestido con una chomba Lacoste blanca y pantalones pinzados) que, ante las cámaras que enfocaban las cubiertas quemadas, se paró como un gallito, sacó pecho y soltó ante el micrófono como quien siempre fue dueño de la pelota:

“La empresa nos tiene que dar alguna solución. Esto que hacemos nosotros no es una manifestación política. Nosotros no somos piqueteros, somos trabajadores que solamente quieren que les devuelvan la luz”

Es inevitable encontrar paralelismos entre esta situación y otra (mucho más grave) ocurrida hace unas semanas entre los desalojados de Villa el Cartón, y la gente de los barrios que debía recibirlos. “Nosotros somos trabajadores”, dijeron los anfitriones (algunos incluso llorando), como excusa para que los desalojados no se quedaran. Imagínense: trabajadores a quienes les ponen un montón de pobres alrededor. Después de blasfemar hasta el paroxismo (dijeron que la mayoría de esos pobres eran unos bolivianos de mierda y, por lo tanto, vagos y ladrones), quemaron los asentamientos, cortaron la calle, incineraron cubiertas, insultaron y lograron lo que querían: echar a los desposeídos de su exclusivo barrio. Nadie quiere tener a un pobre como vecino. Ni siquiera los pobres. Por eso, en cada mísero barrio que les proponía el gobierno como posible lugar donde levantar las precarias viviendas, se armaron manifestaciones enloquecidas para echarlos a patadas, esgrimiendo los relamidos argumentos de “alguien tiene que hacerse cargo, nosotros somos gente humilde y trabajadora”. Un trabajador hizo un disparo y estuvo a punto de matar a un pobre. La excusa es que, con los pobres, el barrio se vuelve más inseguro.

Espero que Mauro, Rosa, Ana y los lectores me ayuden a hacer ciertas reflexiones en los comentarios . Por ahora sólo dejo algunas preguntas:

-¿Puede alguien de clase media y con cierta educación ser tan, pero tan, pero tan ignorante para no saber que toda manifestación es política?

-¿El piquetero (según los ojos del vocero de camisita Lacoste) es repudiable por piquetero, o por sus métodos? Si un piquetero corta una calle, está mal, pero ¿está bien si un clase media la corta para pedir luz? ¿Y un piquetero también podría cortarla, en ese caso?

-cuando alguien dice que es “trabajador”, ¿lo hace para que algún funcionario se apiade del sudor y las horas laborales, o para que lo escuche Dios, o porque cree que, por pasar diez horas por día en una fábrica es más ciudadano que un subocupado?

- ¿qué entiende esta gente por “piqueteros”, “político”, “ideológico” y “trabajador”?

-¿No sería bueno que el gobierno de Buenos Aires hiciera un country, con cancha de golf y pileta en cada casa, para cada uno de los ex habitantes de la villa El Cartón? Así no molestan el pudor clase media de nadie.

Son de cuarta Enero 21, 2007

Posted by carmelorestelli in Bandana, Televisión.
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Tuve el orgullo de ver los primeros capítulos de la nueva serie de verano de Adrián Suar, “Son de Fierro”. Si hubiera que hacer un ranking de las peores telenovelas pseudocomedias del Chueco, esta ocuparía el segundo lugar (el primero, indiscutiblemente, está dado por “Sin Código 2”, y el tercero por la malograda “Pensionados”).
En “Son de Fierro” no pudieron con su genio y el inimputable de Laport se llama “Martín Fierro”, de oficio (no podía ser de otra manera) carnicero. Su hijo (Mariano Martínez) es ciego y profesor de historia, en ese orden.
Si bien las actuaciones son patéticas y los personajes son inverosímiles, vamos a apuntar algunas cuestiones que hacen a un guión desinformado, poco creativo y cargado de un imaginario pro – clase media de los años setenta u ochenta.
Mariano Martínez, ciego y profesor de historia, está buscando trabajo. “Buscando” es un eufemismo, porque jamás se lo ve en la actitud de una persona que busca: en realidad quiere que lo acomoden en el colegio del barrio. Uno debe compadecerse de él porque es ciego y porque, supuestamente, sabe mucho de historia (aunque jamás recurre a sus conocimientos). Pero con esa compasión lo que hace es bastardear la profesión docente: nunca se menciona que, en cualquier instancia, los profesores no son ‘puestos’ por el director de turno, sino que deben hacer una serie de fatigosas burocracias y espureas capacitaciones de posgrado, que a veces duran una década, para poder acceder a trabajar algunas horas aquí y otras allá. A Mariano Martínez, ciego, ni se le pasa por la cabeza esto; él cree que porque es ciego y tuvo buenas notas, le tienen que dar un lugarcito en la docencia.
Pero la desinformación de los guionistas es infinita; cuando el director de la escuela le busca un lugar a Mariano Martínez, ciego, profesor de historia, no le busca horas cátedra: le busca “un puesto”. Error espantoso: no existen “puestos” de profesor; a lo sumo hay “horas”, pocas, mal pagas e inestables (cada año se renuevan, si no es que otro, con mejores antecedentes que uno o con contactos más fluidos, no lo remueve del cargo). Pero todos en la serie insisten con eso del puestito: en el imaginario de los guionistas y de los televidentes, subsiste esa idea de clase media según la cual uno consigue un lugar en el mundo laboral y se olvida para siempre de los problemas económicos y de la inestabilidad en el empleo. Para esta serie, los años noventa nunca existieron.
La figura del director de la escuela del barrio es deplorable (un hombre sin personalidad, incapaz de tomar decisiones), pero la del Director General de Escuelas (personificado por Mario Pasik), si bien comete miles de vicios y es una caricatura de funcionario, no deja de lado algo importante e indiscutible: el cargo de director general no se le da a una persona por su capacidad y su trayectoria en la educación, sino por sus contactos políticos o su comportamiento mafioso. Es el único personaje que, con sus arbitrariedades, vanidades y su fobia a los docentes, se parece en algo a lo que ve cada día un profesor en las escuelas donde trabaja. Ahora bien, entre este funcionario corrupto, puesto a dedo por sus contactos, y Mariano Martínez, ciego, profesor de historia, puesto a dedo por lástima, no hay diferencia.

Mirá! Diciembre 22, 2006

Posted by carmelorestelli in Bandana, Internet.
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Imperdible.
Advertencia y recomendación: no importa si la nota fuera ficticia.

http://www.juliangallo.com.ar/2006/12/marcos-camacho-la-post-miseria/

Mentime que me gusta Noviembre 6, 2006

Posted by carmelorestelli in Bandana, Editorial.
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Hace unos días salió una nota en la cual el gerente de Mac Donalds Argentina, junto al presidente Néstor Kirchner, hacía un anuncio que iba a hacer época: un descuento increíble en sus famosos y mezquinos sánguches de carne:

PERIODISTA.- Con respecto a Mac Donald’s, en cuanto al precio de los productos, ¿en cuánto disminuyen?

FERNÁNDEZ (gerente de Mac Donald’s).- La propuesta que estamos haciendo incluye aproximadamente 7 productos que van a tener distintas variaciones de precios. Lo más importante de esta propuesta es que va a tener una reducción en algunos precios de un sandwich ícono de nuestro menú de aproximadamente un 30 por ciento, además puede ser comercializado en forma individual y combinado por el consumidor con otros elementos que también van a estar descontados dentro de esta línea de pequeños precios. Así que los descuentos son distintos dependiendo del producto, pero van del 30 por ciento hacia abajo.

Este anuncio salió por todos los noticieros. Probablemente ningún dueño de pequeña o mediana empresa haya tenido tanta prensa como esta cadena de sabrosa comida chatarra, pero ellos (que no necesitan de publicidad) han difundido su firme decisión de colaborar para no generar inflación. Inflación que ellos mismos han venido sosteniendo en sus productos que aumentan semana a semana.
El anuncio del sr. Fernández, gerente de Mac Donalds Argentina, es simplemente una mentira. No hay descuentos; hay apenas una reorganización de (algunos) precios en función de aumentos anteriores y combinaciones con otros productos. Mucho peor es la información del encabezado de la nota, en la cual se miente de forma descarada: “Mc Donalds anunció bajas en los valores de algunos de sus combos que llegan hasta el 30 por ciento”: en realidad el gerente jamás habló de “combos”, sino de productos sueltos. Ningún combo baja sus precios; es más, en la última semana han aumentado.

¿Qué ha ocurrido realmente en Mac Donalds?

- La hamburguesa “cuarto de libra con queso” se vende por separado (hasta ahora sólo se vendía en un combo). Pero, en realidad, hasta hace un año también se vendía por separado. Y no sólo este producto, sino todos. Sólo han vuelto a aplicar una política que ellos mismos habían quitado.
- El valor del “cuarto de libra con queso” es de $ 4,50. Pero, si usted pregunta cuánto cuesta ese sánguche, más unas papas y gaseosa medianas, se encuentra con que ¡el precio final es exactamente el mismo al ofrecido por el combo! Es decir, no hay descuento…
- Hay otros productos que se ofrecen bajo la engañosa publicidad de “pequeños precios”: una hamburguesa con queso, papas pequeñas, gaseosa pequeña, etc., los cuales cuestan $ 2,50 cada uno (un precio para nada pequeño, si tenemos en cuenta que la gaseosa es de un cuarto litro y las papas fritas traen apenas un puñado). ¿Qué han hecho los diabólicos comerciantes de Mc Donalds? Hace menos de un mes esos productos efectivamente costaban $ 2,50. Luego los aumentaron a $ 4, y ahora los rebajaron otra vez a $ 2,50.
- Por si fuera poco, los combos de siempre han aumentado algunos centavos en esta última semana y, desde hace poco más de dos años, sus sánguches tienen cada vez menos carne, más lechuga y más pan, y vienen aumentando sin descanso, mes a mes. Mc Donalds es una línea de comida chatarra que ofrece los productos más caros y con más inflación de todo el mercado.

Que Mac Donalds haga lo que quiera con sus precios y sus productos; lo que debería molestar y preocupar es que tanto desde el gobierno como desde todos los medios periodísticos hayan salido a anunciar una mentira y que nadie se haya encargado de corroborarla. Mucho más grave es el hecho de que una cadena multinacional de comidas (que cuenta con una amplia campaña publicitaria) haya tenido tanta prensa gratuita para hacer estos anuncios.

Una película de mierda (5) Octubre 16, 2006

Posted by carmelorestelli in Bandana, Cine.
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A veces uno teme que una impresión momentánea, puramente subjetiva, empañe la recepción de una película, de una telenovela o de cualquier programa de televisión. Uno se acerca con ingenuidad; poniendo lo mejor de sí y deseando (sobre todo poniendo empeño en el deseo) estar verdaderamente entusiasmado.

Mi hermano me recomendó una película que ya traía muy buenas críticas: “Derecho de familia”. Como mi hermano y yo tenemos gustos muy parecidos, pensé que si a él le había gustado, a mí también debería gustarme. Llevé el televisor a la pieza, compré frutillas y me preparé para una hora y media de entretenimiento.

Durante los primeros quince minutos estuve a la espera de una trama interesante, de gags divertidos, de (por lo menos) cierta ternura en las relaciones humanas (porque la película parece que quiere hablar de eso también). Pasados los quince minutos de gracia, tuve que desilusionarme.

La película no existe.

Hacía tiempo que no veía una película tan aburrida, tan insípida y tan desmembrada. La trama parece construirse con retazos yuxtapuestos de situaciones y problemitas cotidianos de una clase media-alta judía. Como si el director dijera “ahora vamos a agregar esto, después esto otro”: una sucesión de imágenes sin fuerza narrativa, monótona hasta la náusea.

El actor (del que no me acuerdo el nombre, pero es el que se hizo famoso como el Walter de las propagandas de Telefónica: lo llamaremos simplemente “Walter”) hace de abogado, hijo de abogado, que se enamora de Julieta Díaz.

Toda la tensión narrativa descansa en esto: Walter da clases de derecho en una universidad pero su padre quiere convencerlo para que trabaje en su buffet. Walter conquista a Julieta Díaz y tiene un hijo con ella. El padre de Walter se muere. Walter, entonces, para seguir con la tradición familiar, se mete en el buffet de su padre. Fin de la película.

Jamás, ni de cerca, se rozan cuestiones sociales ni económicas; mas bien se apunta al costado naif de las relaciones humanas: el padre que sueña con que su hijo siga por el mismo camino; el hijo que quiere “hacer su vida”. Todos profesionales, todos pulcros y bienpensantes. No se habla de lo difícil que es trabajar como abogado ni como docente en una universidad. El dinero jamás es un problema. El único traspié lo tiene Julieta Díaz cuando le embargan (o algo así) los instrumentos con los que hace Pilates. Pero el abogado Walter se los recupera. Así funciona el mundo: hoy algo sale mal, pero después sale bien. Esa es la ética universal de Burman.

Por un instante pensé que la película iba a dar un giro: cuando Julieta Díaz, que es profesora de Pilates, se va de viaje. Pensé que se mataba, pero no: vuelve.

Los actores hacen eso: actúan. Fingen. Hacen como si se creyeran el patético guión del pseudocineasta Burman. Julieta Díaz, única actriz excelente, está opacada por un papel deslucido, inverosímil, flaco, sin fuerzas. El único que actúa bien es el que hace de hijo de Walter y de Julieta Díaz. Pero eso no es mérito, porque el chico (de unos tres años) no está actuando; está haciendo lo que hace cualquier chico de tres años: improvisa tiernas incoherencias y babea.

Ya “El Abrazo Partido”, anterior film del director, me dejó la impresión de que no era una buena película y de que el director era un pelmazo; pero podía estar equivocado porque era una única película. Ahora sostengo firmemente que ambas películas son una mierda y que todo lo que ha hecho Burman es entretenimiento para viejas de clase media que se emocionan porque su hijo o su nieto triunfan en el mundo profesional y amoroso. Sin embargo, me sigo encontrando con gente que elogia a este infame subproducto de una visión burguesa de las relaciones sociales y, como ya habrán notado, encima ha salido como favorita candidata al Oscar.

Es evidente, ante esto, que mis impresiones claras y firmes están teñidas de una gran subjetividad. Quisiera que los lectores de este iracundo blog opinaran sobre esta película y me hagan ver todas esas cosas que sí vieron quienes la votaron para el Oscar. O acuerden conmigo en que nada bueno puede esperarse de Daniel Burman.

based on a true story Septiembre 5, 2006

Posted by carmelorestelli in Bandana, Cine.
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Hace poco me hicieron ver una película de tiburones en la que no pasaba nada. Básicamente, a una pareja que se queda por error en medio del mar se la comen los tiburones. Aquellos que la vieron recordarán el título; para los que no, ni vale la pena mencionarlo. Se trata de una película de bajo presupuesto, con una sola cámara, que recientemente ha tenido mucho éxito de taquilla.
La película, en su aspecto argumentativo, no tenía momentos destacables. Pero, para dar fuerza a esta debilidad argumentativa, tanto quienes me la recomendaron como la misma imagen de la tapa del DVD decía: “basado en un hecho real”.

A veces me da por contar historias y mucha gente insiste en preguntarme: “¿Eso pasó de veras?”. Y no me tomo el trabajo de contestar lo que debería:

Cualquier narrativa debe sustentarse por sí misma.

Ese es el principio que asumo ante las novelas, los cuentos, los guiones de película, las cronologías históricas y los catálogos de oferta de los supermercados.
Un mal guión no se salva porque alguien le añada que “está basado en un hecho real”, porque toda historia (sea con pretensiones de reproducir la realidad, o con pretensiones de ficción) es una construcción a partir del punto de vista de alguien. Incluso, lo que sea un “hecho real” es algo discutible y en continuo proceso de resignificaciones e interpretaciones. Cuando la narrativa es muy, muy mala e inverosímil no se puede apelar a que fue la realidad la que proveyó tal narrativa, porque la realidad no provee de nada a menos que hagamos una interpretación de ella. No existe un hecho desnudo y objetivo, ni un lenguaje neutro que sirva para comunicar tales hechos. Aun el lenguaje científico está impregnado de subjetividad. Los hechos reales nos son por completo inaccesibles.

Por otra parte, ¿Cuál es esta obsesión con la realidad? ¿Dónde está la motivación de quien va a entretenerse al cine preocupado por si lo que ve es mentira o verdad? “No me gustó Patch Adams, pero después cambié de opinión porque es una historia verdadera”, escuché decir a un espectador de cine con criterio vacilante (Espero no verme en la obligación de aclarar si este comentario es real o ficticio). ¿Qué fue lo que entendió este espectador para considerar aceptable algo que había descartado por ser un bodrio? Nada menos que la ficción de la realidad. Hay algo que tranquiliza a los espectadores y que le hace el trabajo más fácil a los cineastas y cronistas de noticieros: la realidad está ahí, accesible, de una vez por todas y la hemos captado con nuestras cámaras.
La ficción es esta: hay una conexión entre el lenguaje (verbal o en imágenes) y el mundo real. La otra ficción, más peligrosa es: la realidad tiene límites claros, precisos, y esos límites pueden conocerse si de antemano nos dicen de qué lado del límite están las historias que nos cuentan.

(Este post debe considerarse como una parcela de la discusión que abrió Mauro Fernández en su último post: “los periodistas son peor que la policía”. Casi todo lo que yo diga de aquí en adelante será, de manera inevitable, un subconjunto de los problemas que con tanta agudeza vio Mauro)

El Código Da Vinci: Una película de mierda (4) Mayo 22, 2006

Posted by carmelorestelli in Bandana, Cine.
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A usted le muestran un tridente y enseguida dice: “¡El diablo!”. No, señores: ampliamos la imagen y el tridente es en realidad el atributo del dios griego Poseidón. Le muestran una madre amamantando a su hijo y dice (usted tiene una propensión a asociar imágenes con la iconografía cristiana, y a vociferarlas cada vez que realiza una asociación): “¡La Virgen María y el Niño Jesús!”. No, no: si miramos bien, se trata de dos deidades egipcias. Así, una sucesión de imágenes viene a contarnos (por si no lo sabíamos) que casi toda la iconografía cristiana tiene antecedentes paganos. Tom Hanks hace de profesor de simbología y se le nota que no sabe mucho: lo único que puede decir sobre los símbolos es que “una imagen (es decir, un símbolo) vale más que mil palabras”… ¡Como si las palabras no fueran a su vez símbolos!

Superados los exabruptos y el juego de perspicacia visual, comienza la cacería. Hanks, después de esta extraña conferencia en la que sólo muestra imágenes, es requerido por la policía porque lo van a acusar de asesinato y se mete en una trama insoportable e inverosímil. Tiene que descubrir claves cada veinte segundos; todo el tiempo hacen referencia a textos que repiten una y otra vez para que el espectador se acuerde, y las claves se descubren por anagramas imposibles, o por conexiones ad hoc. Cuando se ve en apuros, se escapa con Sophie, la chica que lo ayuda y aprovechan el escape para contarle cosas al espectador: detalles del pasado, por qué cada cual es quién es, etc. Hay cinco o seis persecuciones en auto; respecto de estas uno puede sacar en limpio que los policías franceses son pésimos conductores.

No tiene buenas imágenes, ni buenas actuaciones, ni una trama interesante. No funciona como entretenimiento y sólo tiene un mérito: sembró la duda en muchos católicos timoratos.

Pero, ¿cuál es el papel de lo religioso en este mamotreto de dos horas y media?
A través de complicadas claves y de textos falsamente reveladores, se descubre que Jesús tuvo una pareja; que se casó con María Magdalena y que ambos tuvieron descendencia. En el cine, cuando uno de los personajes comunicaba estas revelaciones, la gente decía “ooooohhh”, como si los autores de la película se hubieran metido con algo muy sagrado. El Opus Dei está representado caricaturescamente por dos tipos fanáticos que de lejos ya dan miedo. Pero nada nuevo: muertes, azotes, poder. (Cuándo no, el tipo del Opus Dei es español; lo que recuerda muy bien al Torquemada de la época inquisitorial)

Ahora bien: si el Opus Dei, o la Iglesia en general se sienten agraviados por esta película, entonces quiere decir que son tan idiotas como los pinta la caricatura. Quizás lo que la iglesia teme, sabiendo el tipo de público que va a consumir este bodrio, es que los católicos (especie religiosa caracterizada por el poco conocimiento de su propio dogma) se lo crean. Y la verdad es que, para uno de esos católicos que se dicen católicos pero que abandonaron sus ritos después de la comunión, es probable (mínimamente) que esta película les haga poner en duda su precaria fe.

Yo no tuve formación religiosa. A mí me importa un carajo con quién se casó Jesús, si se casó o si tuvo hijos. Si es hijo de Dios, me alegro por él. Pero supongo que el Catecismo ha influido bastante en la mente de algunas personas, y que hay ciertos dogmas que, aunque no los practiquen, los tienen instaurados como si fueran un chip. Pero como muchos católicos rara vez siguen su dogma (son católicos sólo porque no comen carne en semana santa) a veces les da por coquetear con la herejía. Y esta película los hace sentir herejes sin culpa. Un (falso) católico, ante esta película, da rienda suelta a sus “¿Y si…?”. ¿Y si todo lo que sé sobre Jesús hubiera sido una patraña urdida por la profesora de Catecismo y sus secuaces? ¿Y si Adán no hubiera sido el primer hombre? ¿Y si María Magdalena no hubiera sido prostituta? Pero claro, es un juego, porque salimos del cine y seguimos siendo católicos. “Qué buena película; me hizo sentir hereje por un rato. ¡No voy a perder el cielo por fingir herejía un ratito!”

No hay mucho más. Si alguien vio “El quinto Elemento”, hay una parte importante de la trama que es común a ambas. Y el quinto elemento, no jodamos, es una muy mala película.
Como no podía ser de otra manera, el Código termina con una reflexión final de Tom Hanks que puede resumirse en estas sabias palabras new age: “cree en lo que sientas”.
Después de esas palabras hay otra revelación que se descifra a partir de un texto ya machacado varias veces.

Si a usted le gustan las películas en las que una cofradía religiosa y la policía francesa persiguen a unos tipos que descifran claves para obtener ciertas revelaciones y que cuando se las ven feas se escapan en auto, vaya al cine. Le esperan dos horas y media de pasión. Y, si es católico, tiene el plus de que se va a poder tapar la boca de vez en cuando y decir “oooohhh”.